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Termas romanas de las Bóvedas, San Pedro Alcantara (Marbella) (Rincón Singular)

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Termas romanas de las Bóvedas, San Pedro Alcantara (Marbella) (Rincón Singular)

José María Martínez Oppelt, ingeniero de la Sociedad Colonia de San Pedro Alcántara, realizó excavaciones arqueológicas en diversos terrenos de la Sociedad durante los años 1915 y 1916, tarea que continuó el arqueólogo José Pérez de Barradas, quien en 1930 escribió por primera vez sobre Las Bóvedas, una edificación romana que él consideró depósito de agua para suministro de la ciudad de Cilniana, tanto para consumo humano como para la industria de salazón. Posteriormente se demostró que estamos ante un edificio termal del siglo III, uno de los más singulares entre los que se conservan de la época. El yacimiento se ubica en la margen derecha de la desembocadura del río Guadalmina, en la localidad de San Pedro Alcántara (Marbella). Este yacimiento se corresponde con un edificio termal de época romana, en concreto del siglo III d.C., considerado de los más singulares que se conservan en todo el territorio español de esta cronología. Fueron descubiertas en el año 1926. El yacimiento se ubica en el margen derecho de la desembocadura del río Guadalmina, junto a la localidad de San Pedro Alcántara, en Marbella. Junto a las torres se encuentran una serie de piletas destinadas a la salazón de pescados y salsas derivadas, así como una torre vigía ya de cronología posterior. La importancia y tipología de los restos hallados son probablemente indicadores de la presencia en esta zona de la ciudad romana de Cilniana. Estas termas se realizan esencialmente mediante argamasa de cal y refuerzos de ladrillo, que se revestirían posteriormente con placas de mármol, por lo menos en algunos sectores. Se define por la variedad de fábricas de construcción utilizadas, puesto que a las ya citadas hay que añadir la combinación del “latericium” (ladrillos --a junta encontrada--, compactados con mortero de cal) con el “opus incertum” (sillares cortados de forma irregular), contando también con la presencia de otros aparejos como el “opus signinum” (técnica arquitectónica procedente de Signia", ciudad de la región italiana del Lacio, rica en alfares). Por otro lado, hay que resaltar su estado de conservación, porque aún hoy en día mantiene parte de su cubierta abovedada, así como las dos plantas en altura, más las infraestructuras correspondientes al sistema de calefacción. El edificio principal se articula en torno a una sala central de planta octogonal, a la cual se abren diversas estancias, también octogonales. En la parte oriental se observan los sistemas de suspensurae y restos del pavimento original con mosaicos de grandes teselas. Esta área se vincula a un horno subterráneo que alimentaría directamente a una sala para el baño caliente, pero las intervenciones arqueológicas han podido documentar la presencia de varios hornos en estos baños. Por el contrario, las dos salas situadas más al norte no presentan restos de los elementos anteriores y debieron corresponder a salas del recorrido frío, estando dedicada una de ellas, la más occidental, a piscina de agua fría. El nivel de habitación de la sala central presenta un suelo que se extiende hacia cuatro hornacinas anexas, mientras que en otras partes se reconoce una serie de placas de caliza oolítica, colocadas verticalmente que elevan ese lugar con respecto al resto del suelo de la sala central, que reproducirían así, en planta, el octógono de forma exacta. Estas calizas se consideran procedentes de las canteras antequeranas del Torcal. En el centro de esta sala central se localiza una piscina de planta octogonal, tratándose ésta de una de las partes del edificio más enmascaradas por las transformaciones sufridas a lo largo del tiempo, como consecuencia de los diferentes usos que ha tenido dicha edificación.